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Publicación Humorística de Cuba - fundada en su versión impresa desde 1961
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  ¿Quiénes Somos? - Mercedes Directora
 

Mercedes Azcano Torres.- Nació  en Ciudad de la Habana, el 13 de septiembre de 1963. Descendiente de vascos. Licenciada en periodismo en 1986. Es la Subdirectora de Palante, cargo que se ganó por sus méritos como redactora humorística. Anteriormente laboraba en una alta responsabilidad en la Unión de Periodistas de Cuba (y bastante trabajo nos costó lograr que nos la cedieran). Pero lo suyo es el humorismo. Sus colaboraciones han aparecido no sólo en Palante sino también en Dedeté, Punto.cu, Mujeres, etc.

 
 
El Cuento  
 

SOCORRO ME HAN CAMBIADO AL MARIDO

Al lavarme la cara aquella mañana, junto con las legañas se me escurrió la ilusión, por eso cuando regresé al cuarto me impactó la escena de lo que debió ser mi nido de amor.
En el lugar que antes ocupara el Adonis de mis sueños, ahora veía a un gordo calvo, desnudo, que roncaba como un martillo neumático mientras se babeaba sobre mis blancas sábanas.
Con odio, lo empujé para despertarlo y cuando lo conseguí el hombre se incorporó rascándose una nalga.  Con la misma mano con la que se acababa de tocar su amorfo trasero me acarició la cara.
Asqueada me estremecí, sin imaginar que él lo interpretaría como un temblor de placer y se me echaría encima. Por suerte la sesión duró lo que una vacuna para la alergia; enseguida se desplomó a mi lado, satisfecho de su actuación. “¿Te gustó?”, preguntó con orgullo.
Mi respuesta no se hizo esperar: “Eres un animal”.  Feliz con lo que supuso un cumplido, sonrió: “Es que tu marido está hecho un toro”, y acto seguido me abrazó para duplicarme la dosis.  
De inmediato lo rechacé y su reacción fue desconcertante: “Vieja no te asustes, ya sé que con tus achaques no puedes seguirme el ritmo”.
Corrí al baño para quitarme su olor a sudor, pero apenas comenzó a caer el agua sentí una mano que me atenazaba el cuello, el pedazo de tocino proseguía el juego.
Con rabia le restregué el jabón por los ojos. “Picarona, no me huyas”, chilló mientras daba un manotazo que me alcanzó en pleno rostro.  El “cariño” me hizo tambalear, momento que aprovechó para atraerme junto a si.
Otro combate cuerpo a cuerpo tan efímero como el anterior bastó para que “el toro” se derrengara.  Le arrastré hasta el lecho y ya sin fuerzas me volví a quedar dormida.
Al despertar mis ojos se tropezaron con los suyos, inyectados en sangre.  Me puse en guardia a la espera de un nuevo ataque, pero en su lugar escuché un susurro en tono compasivo: ¡Vieja, acabé contigo y eso que no me tomé la pastillita de Viagra!

 

 En la sección cuentos podrás encontrar otros escritos de la autora

 

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