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Publicación Humorística de Cuba - fundada en su versión impresa desde 1961
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  Redactor
 

María Elena Piedra Díaz. Nació en La Habana, el 7 de julio de 1959. Correctora y redactora humorística de nuestro colectivo. Especialista aficionada en dietas para adelgazar y en traducción de chistes del portugués.  Cursó el diplomado en Periodismo y actualmente estudia la licenciatura en la universidad. Su asignatura predilecta es la Gramática Estructural (Esto es un chiste pesado).  Parece una maga del humor: guiña un ojo y los chistes caen rendidos a sus pies. Guiña el otro ojo y se gana un premio. Es aún joven y en Palante tiene un gran futuro por delante.

 
 
  El Cuento  
 

UN MATRIMONIO FELIZ

 
  Tal vez se encontraron cuando el tiempo era una mala palabra o cuando no existía un credo contra el aviso del corazón, pero se encontraron a  la izquierda de un día cualquiera cuando la muerte, enamorada, le tendió su primera trampa: un accidente de tránsito.
El joven sintió su aliento tan cerca que dio tres mortales en el aire, segundos antes de que un carro le pasara por encima. La miró con arrogante desprecio y le dijo: -Sonríe, pequeña.
La muerte no se dio por vencida y en su loca carrera contra el tiempo hizo inimaginables posgrados de terrorismo con los más afamados asesinos del planeta, pero el joven con la victoria en los ojos siempre le repetía entre provocativo y burlón: -Sonríe, pequeña.
Fueron tantos los intentos de la muerte y tantas las veces que el joven eludió su indeseable compañía que ya la gente comenzaba a murmurar que  entre ellos había una sospechosa relación.
Había salido invicto en quince accidentes de tránsito, en cinco terremotos, en nueve intentos de asesinatos, en veinticinco incendios y hasta en un naufragio donde los pocos que sobrevivieron fueron comida de tiburones doce horas más tarde.
Pero la muerte acunaba su ilusión y renovaba fuerzas.
El joven se casó y ante las súplicas de  la novia decidió hacer el viaje de bodas en tren, pues estaba comprobado que él era inmune a los accidentes marítimos y a los terrestres, independientemente de que ella era la jefa de los ferrocarriles y lo tenía todo bajo control.
La muerte, desilusionada, fue a despedir a su único amor. Nunca más intentaría llevárselo a la fuerza. Algún día  vendrá hacia mí, pensó.
 Cuando el joven la vio tan desdichada en el desolado andén un extraño sentimiento se apoderó de él, sacó la cabeza por la ventanilla todo lo que pudo y con una leve sonrisa parecida a la tristeza le gritó: -Sonríe, peq...
No terminó. Con tan encontrados sentimientos no se había percatado de que en sentido contrario viajaba otro tren a la velocidad de un suspiro.
 
 

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